A tu mejilla
Tengo la boca llena de tu nombre
y sólo me salen palabras extrañas
ajenas a mis manos
y a mis oídos.
No quiero que regreses,
quiero que la mañana sea triste y que el mundo no diga nada,
quiero empezar a saborear
la despedida y la distancia
y tu falda perdiéndose a lo lejos
y tal vez, qué bueno fuera,
tu recuerdo.
No quiero un desayuno con amor
ni quiero tu cuerpo desnudo junto al mío,
quiero un express doble
y un cigarro encendido
y la luz apagada
y que un buen día
a tu mejilla
pueda olvidarla.

