Para reconocerme objetivamente
me miro
desde este lado del remolque.
De adelante para atrás,
recuento las caídas,
para procurar
aparecerme un poco
y parecerme precavido.
Desde este lado del remolque
retrocedo casi siempre,
- pero no para siempre -
para taladrar el camino
y para construirme nuevos puentes
entre el bien el mal,
entre tu espacio y mi vacío.
De atrás para adelante,
enumero los desastres
y formulo químicamente nuevas expectativas,
y de atrás para adelante
también
me pierdo en las salidas.
Casi siempre,
- pero no para siempre -
ando en busca de lejanía,
sin deshacerme por completo
de mis simulacros.
Desde este lado del remolque
me miro
casi siempre
llorando.