Unión y vaivén
Por la boca abierta se caen los taladros,
se retiran triturando a las casas,
a tus pies,
a las aves,
a los contratiempos.
Con el cuerpo semidesnudo
se van concentrando en los bulbos los pensamientos.
Con el tacto roído de memorias compartidas
se tocan
y mientras la carne tibia cae al suelo ensangrentado
se ríen de sí mismos,
se encuentran y juegan a perderse,
a no lastimarse,
a ser infinitos.
El vacío del lado exterior izquierdo
le impidió la comunicación con mímica,
eran los tiempos cuando callaban con disparos
a los que recordaban a los muertos
y a los que les rezaban
y bailaban
y lloraban.
Quiso regresar,
pero esta vez no pudo,
sus extremidades cobraron vida propia y se fueron a vivir lejos
donde los cangrejos se confundían con el arena y con el cielo.
Trató de pegarse con cinta adhesiva y con clavos,
pero después de varios intentos sin resultado
sus amigos le recomendaron usar una engrapadora,
y engrapó su torso a una rama
y se hizo árbol,
sus pies descalzos se quedaron en el desierto
y le crecieron cactus en los huesos,
sus brazos su hundieron en el agua
y después de 27 días se hicieron lagartos.
Finalmente pudo regresar cuando unió su cuerpo con el mundo.


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